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Por qué hay cada vez más medusas en el mar

Medusa (Pelagia noctiluca). Na Picamosques, Parque Nacional del Archipiélago de Cabrera, Islas Baleares, España. Expedición por el Mediterráneo del catamarán Oceana Ranger. Septiembre 2007

 

Durante los últimos años hemos ido viendo como las medusas han sido cada vez más protagonistas en el ecosistema marino.

Ellas han estado en el mar durante cientos de millones de años, y son una parte fundamental de este ecosistema, pero su presencia ha provocado ríos de tinta, ya que pueden afectar al turismo o a la pesca.

Tenemos la impresión de que ahora son más abundantes y lo experimentamos al ir a bañarnos, o al calar las redes para capturar peces. Sabemos que antes no era tan habitual estas interacciones con actividades humanas, por lo que, aunque haya una parte que se deba a la mayor afluencia de personas a los mares, sí, también hay más medusas.

¿Hay más medusas que antes?

Las medusas son especies muy abundantes en el medio marino. Además, siguen ciclos biológicos que pueden llevarlas a momentos de gran expansión. Todo esto es natural, pero algunas actuaciones humanas están haciendo su vida más fácil.

Hace ya muchos años que se viene avisando de cambios en la composición de las especies en los ecosistemas marinos. Según van desapareciendo los vertebrados (sobre todo, por la sobreexplotación pesquera), vamos dando más posibilidades a los invertebrados para ocupar ese nicho.

La abundancia de medusas puede provenir de la falta de depredadores, de una mayor disponibilidad de nutrientes, de inviernos suaves que permiten una época de reproducción más larga, etcétera.

Pero hay veces que hay grandes blooms de medusas y no somos tan conscientes, pues se acercan menos a las playas y permanecen en alta mar. Esto puede deberse a las corrientes marinas. También, a la llegada de grandes cantidades de agua dulce a la zona costera a través de los ríos, lo que genera una barrera frente a las medusas, que prefieren aguas más salinas.

A algunas especies, la construcción de estructuras artificiales en el mar también les ha provisto de nuevas zonas donde fijarse, facilitando su desarrollo y distribución.

Abundancia de medusas (Pelagia noctiluca) y basura en la supeficie. © OCEANA / Carlos Minguell

¿Son peligrosas las medusas?

Lo que más preocupa a la opinión pública es la posibilidad de ser picado por uno de estos animales. La inmensa mayoría de medusas son inofensivas para el ser humano, ya que no tienen la fuerza suficiente como para que sus “aguijones” penetren más allá de nuestra piel para inyectarnos sus sustancias irritantes. Las medusas “huevo frito”, “pulmón” o “aurelia” son muy abundantes en nuestras aguas, pero no son peligrosas para el ser humano (salvo algún caso excepcional de grandes dimensiones o de gran sensibilidad hacia el veneno de las medusas).

La mayoría de las interacciones se producen con el llamado acalefo fosforescente o medusa luminiscente, cuyas picaduras puede ser especialmente dolorosas e irritantes.

Pero su impacto no se ciñe a los daños sanitarios, también provocan impactos en el medio ambiente y en otras actividades humanas, como la pesca.

Aguacuajada (Cotylorhiza tuberculata). © OCEANA / Juan Cuetos

Las medusas pueden cubrir las redes de pescadores, haciéndolas inservibles para capturar peces. También pueden alimentarse de toneladas de huevos y larvas de especies, tanto comerciales como no comerciales. Una gran cantidad de medusas puede acabar con gran parte de las especies del plancton, incluyendo larvas de crustáceos, moluscos, tunicados, gusanos, etcétera. Esto reduce la disponibilidad de alimento para otras especies y limita el éxito reproductivo y de crecimiento de muchos organismos.

¿Cuántos tipos de medusas existen?

No todo lo que llamamos medusa es medusa. Medusas verdaderas –o escifozoos– son apenas unas 200 especies. Y la mayoría de las picaduras que se registran en el mundo suelen deberse a poco más de una decena de especies. En el Mediterráneo, el acalefo luminoso suele representar el 70% de estas interacciones.

Las medusas verdaderas son aquellas cuya fase más importante es exactamente esa, la de medusa –en la que viven libres en la columna de agua–, mientras que su fase pólipo apenas dura y no suele entrar en conflicto con los humanos.

https://vimeo.com/224434697

Hay otras especies similares que también tiene medusa en una fase de su vida, como los hidrozoos, pero su fase pólipo (o de organismo fijado al sustrato) suele ser más importante, y sus medusas apenas pueden infringir daño alguno sobre los humanos (salvo casos muy concretos).

Luego están las cubomedusas, parecidas a las medusas verdaderas por la importancia de su fase medusa, pero con algunas diferencias morfológicas. Cuentan con apenas cincuenta especies conocidas, aunque algunas son tan peligrosas como las “avispas marinas” (Chironex fleckeri, Carukia barnesi), que puede ser mortales para los humanos.

Aparte, existen otras especies con aspecto parecido, como los tunicados planctónicos, los ctenóforos y los sifonóforos.

Todos estos difíciles nombres aglutinan a más de 300 especies de aspecto gelatinoso que flotan por la columna de agua o en su superficie y que pueden ser confundidas con medusas. Algunas son tan inofensivas como los tunicados planctónicos y los ctenóforos, y otras resultan ligera o altamente urticantes, como algunos sifonóforos. A estos últimos pertenece la conocida como carabela portuguesa (Physalia physalis), cuyas picaduras son dolorosas, muy irritantes y, en casos excepcionales, letales.

¿Quién se come a las medusas?

Las medusas también son consumidas por muchas especies marinas. El caso de algunas tortugas marinas, como la tortuga laúd (Dermochelys coriacea) y su apetito “medusívoro” es conocido. Pero hay una gran cantidad de especies que pueden alimentarse de ellas; muchas especies de peces como los atunes o los peces luna, aves marinas, cangrejos como los ermitaños, e incluso corales y otras medusas.

Por tanto, si no queremos tener un exceso de medusas, dejemos que haya depredadores que cumplan su papel controlador.

¿Cuál es la medusa más abundante?

Posiblemente, la medusa aurelia (Aurelia aurita), también conocida como “luna”, o“platillo”, es la especie con una mayor distribución global.

Medusa común (Aurelia aurita). © OCEANA / Carlos Minguell

No obstante, las medusas más abundantes suelen estar en zonas profundas, lejos de los ojos humanos. Así ocurre, por ejemplo, con la narcomedusa Solmissus albescens, perteneciente a los hidrozoos, pero con la extraña característica de que no tienen una fase pólipo.

Millones y millones de estas narcomedusas pueblan las aguas profundas consumiendo copépodos y otros pequeños crustáceos, y sirviendo de alimento a muchos peces y moluscos, entre otros organismos.

¿Qué ocurrirá con las medusas en el futuro?

Los cambios en el ecosistema marino (mayor temperatura, inviernos más suaves, mayor contaminación por nutrientes, sobreexplotación de peces, incremento de estructuras artificiales en el mar, etcétera) pueden dibujar un panorama idóneo para la expansión y predominancia de las medusas en los mares y océanos del mundo.

Medusa (Rhizostoma pulmo). © OCEANA / Carlos Minguell

Las campañas de Oceana abordan algunas de las razones principales de la proliferación de medusas, como la sobrepesca y la destrucción de hábitats marinos. Cada éxito que obtenemos ayuda a mantener el equilibrio del ecosistema y a mantener a las medusas en el papel ecológico que les corresponde.