Las aventuras y desventuras del catamarán de investigación Ranger | Oceana Europe
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Es el segundo día de nuestra expedición de investigación nocturna. Mi guardia comienza pronto, con el despertador sonando a las 2 de la mañana. Un café rápido y allá vamos. 

Avanzamos con los motores en silencio, emitiendo una luz brillante, el rojo y el verde de babor y estribor haciendo creer a los demás navegantes que estamos en camino en lugar de a la deriva en el mar.

Thomas hizo la guardia anterior a la mía, así que me pone al corriente sobre sus hallazgos: una luz roja sobra otra blanca indicando pesca nocturna por parte de un gran arrastrero a dos millas de nuestra amura de babor, que rápidamente se convirtió en la de estribor al dejarnos llevar, escurrirnos y deslizarnos en el silencio de la noche.

La guardia de dos horas pasa deprisa: tengo los ojos abiertos de par en par y el cine salado se proyecta en tiempo real. Los crujidos del casco y un leve golpeteo de las drizas en el mástil son los únicos sonidos que flotan en el aire, denso y cargado de rocío. 4:20: Ramone está levantado, a punto de ver cómo la nada se convierte en la mañana cuando salgan los primeros rayos de sol durante su guardia. Un rápido desayuno a las 7:00 y salimos a nuestro primer punto de muestreo a 3 millas. La tripulación, atontada, localiza rápidamente el café y comienza el día con la primera inmersión de ROV a las 8:00.

Los científicos marinos observan e identifican especies mientras los técnicos gritan órdenes a la tripulación para subir o bajar el ROV, que hacemos descender a 800 metros bajo la superficie. La jornada es larga, pero el equipo se mantiene firme y el tiempo pasa deprisa, ya que siempre hay otra tarea que hacer para asegurar un retorno seguro del ROV al barco.

Tras una segunda inmersión del ROV a las 16:00, el grito del Pisha para subirlo “¡a superficie!” es música para nuestros  oídos. Aseguramos el equipo y nos dirigimos a puerto. Cuatro horas de camino, uno o dos barcos de pesca esquivados, y regresamos al puerto de Mgarr cuando el ferry hace sonar la bocina para que todo el mundo se aparte.

El viento aúlla a 25 nudos, pero Jesús consigue compensarlo usando una lancha neumática como propulsor de proa. Riki sale a la cabina para estrechar manos y dar las gracias a la tripulación del Ranger por un trabajo bien hecho. Todo amarrado, conectados a la electricidad y el agua, es hora de celebrarlo tomando algo en el bar.

© OCEANA/ Carlos Minguell

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