Rederos en Sorrento | Oceana Europe
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De vuelta al Ranger. Doce meses después de desembarcar en Lagos tras casi medio año navegando por medio mundo, regreso. Creo que durante este tiempo el barco se ha hecho más grande y elegante. Todo está más limpio y ordenado; cada cosa en su sitio, todo estibado, “casi” nada fuera de lugar. Parece otro.

Ahora, además, cambia el paisaje. Han quedado atrás las costas tropicales de Centroamérica, Bahamas y Bermudas, y navegamos junto a la bella costa italiana rumbo al sur. El recuerdo de las aguas templadas del Caribe me vino a la mente en cuanto me metí por primera vez en este viaje a bucear en las frías aguas mediterráneas de la Isla de Ponza. Porque, aunque la costa del Levante Español parezca una “sopa” en Agosto, aquí aún no ha llegado el verano y al Sol le cuesta calentar los fondos marinos.

A medida que avanzamos hacia el Sur, y vamos viendo los pueblos que recorren las costas del país de la pasta, la pizza y el calcio, me sorprende gratamente la sensación de que esta parte del Mediterráneo parece haberse detenido en el tiempo. Han sabido conservar el estilo arquitectónico de hace al menos 60 años. Nada de grandes y ostentosos hoteles sobre la arena de las playas, como en la costa levantina española, ni inmensos edificios que parecen haber sido diseñados por nuestro peor enemigo.

El sábado llegamos temprano a los acantilados de Sorrento. Nuestro objetivo: localizar, identificar y perseguir rederos de deriva ilegales. Encontramos siete fondeados frente al muelle y hacemos una pasada con el Ranger para filmar y sacar fotos de cerca de las matrículas y los nombres de estas embarcaciones. Kike filmando desde el portillo de su camarote para que no le vieran desde fuera con la cámara, y Juan sacando fotos en cubierta discretamente. Aunque la verdad es que nuestro catamarán blanco de 23 metros con el logo de Oceana a todo color en proa, no pasa muy desapercibido. Una vez documentados los rederos, nos retiramos para vigilar la salida de estos hacia las zonas de pesca, en las cotas de profundidad de los 1000 metros. Esperamos pacientemente haciendo guardias durante una hora…dos horas…tres…cinco…ya son casi las 9 de la noche, se ha puesto el sol, y ahí siguen los barcos fondeados. Creo que esta vez no ha habido suerte y no podremos pillarles en plena acción. Tal vez se hayan tomado unos días de descanso para ver el Mundial, quién sabe.

A pesar de que no han salido, nos vamos a patrullar toda la noche a ver si hay suerte y han salido barcos desde otros puertos. Tal vez haya algún italiano alérgico al fútbol que prefiera salir a pescar antes que ver a 22 señores en pantalones cortos corriendo detrás de un balón. La esperanza es lo último que se pierde.

A continuación:

From Ostia to Ponza along the thousand-metre line

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