La marina tunecina sube a bordo del Marviva Med | Oceana Europe
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Por la mañana, con un mar calmado, a las 6:00 horas el buque de guerra de la marina tunecina detuvo nuestra embarcación y mandó un pelotón de 5 hombres a bordo del Oceana Marviva Med con un pequeño bote inflable. En ese momento nos dirigíamos inocentemente hacia el oeste, en dirección Argelia, dentro del territorio tunecino próximo a la isla de La Gelite. Durante los últimos días, la marina tunecina ha estado controlando nuestras actividades en aguas internacionales (a lo largo del límite entre Túnez y la isla Pantalleria, Italia), fuera del límite de 12 millas náuticas a partir de la costa tunecina.

En este período, la marina tunecina llamaba con frecuencia a nuestra embarcación por radio para preguntarnos acerca de nuestras actividades e intenciones. Como consecuencia de las normativas de la Organización Hidrográfica Internacional (OHI), el Marviva Med está obligado a tener conectado en todo momento nuestro Sistema de Identificación Automático (SIA), así que es muy fácil controlarnos desde tierra firme.

Todas las veces que cambiábamos nuestro rumbo o hacíamos maniobras para documentar la pesca con redes de deriva recibíamos una llamada del guardacostas, que nos pedía información sobre nuestras intenciones y qué estábamos haciendo. Ellos no “ven” los buques pesqueros, ya que éstos no disponen de SIA. Por ello, el guardacostas sólo ve cómo el rumbo del Marviva Med de repente hace giros extraños y cambia de velocidad y de rumbo muy a menudo, lo que sorprende a la marina tunecina.

A bordo, durante aproximadamente dos horas, la marina tunecina inspeccionó la embarcación a conciencia y entrevistó al capitán Jan Rautwaara y al jefe de expedición Xavier Pastor acerca de las intenciones del buque.

Les intrigaba el motivo y los objetivos de nuestra investigación. Les preocupaba que tuviésemos instrumentos hidrográficos, pero les dijimos que los únicos instrumentos que teníamos eran cámaras. Xavier les mostró los informes de Oceana de 2006 y 2007 sobre los rederos de deriva franceses, italianos y marroquíes y también el informe “Los arrastreros destruyen los mares europeos” (un título que Xavier pensó que les gustaría). Finalmente pareció que comprendieron el objetivo y la importancia de la “investigación”.

Xavier también explicó a la marina tunecina cómo estábamos documentando las actividades de cuatro rederos de deriva italianos y cómo habíamos conseguido sacar fotos y saber la identificación de uno de ellos mientras halaban la red para subirla a bordo. Cuando nos vieron, los otros tres buques se dirigieron a toda velocidad hacia aguas tunecinas. Los seguimos y fue ese momento cuando el guardacostas tunecino, desde tierra, nos identificó por nuestras transmisiones del SIA.

Desde que vimos estos cuatro rederos de deriva, hemos estado controlados constantemente por la marina tunecina. Xavier mostró al oficial de la marina fotografías de los rederos de deriva italianos que habíamos hecho y me pidió que preparara una copia en DVD de las imágenes para que se las llevaran a su barco.

Durante la selección de fotografías, aparecieron unas de cuando nuestra alegre tripulación miraba la final europea de fútbol entre España y Alemania y la situación se desarrolló sin problemas; el oficial empezó a sonreír. La tripulación del buque de guerra también había estado mirando el partido la noche anterior.

Abandonaron el Marviva Med con toda la información y nos permitieron seguir navegando. Ahora avanzamos hacia aguas argelinas controladas. Durante todo el proceso, Xavier nos pidió a Gorka Leclercq, el cámara, y a mí mismo (Keith Ellenbogen, fotógrafo) que fotografiásemos discretamente el buque.

En la actualidad la situación del control de las aguas del Mediterráneo es muy volátil. Aunque la ley internacional parece reconocer sólo las aguas territoriales de 12 millas (no hay ninguna ZEE formal en el Mediterráneo), hay muchas "zonas de protección de pesca", "zonas de protección medioambiental", “aguas de plataforma continental” declaradas unilateralmente en las que la marina y los guardacostas de los países actúan básicamente como quieren (es decir, que permiten la pesca ilegal si existe un acuerdo de las empresas pesqueras con el gobierno en cuestión u obstaculizan el trabajo de observadores independientes). Por ello, tenemos más cuidado con nuestros movimientos.

 

A continuación:

Cup sponges at 25 meters depth

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