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agosto 22, 2006

En el Puerto de Nador (Marruecos)

 

Esta mañana Juan Cuetos y yo cruzamos la frontera de Melilla con Maruecos para inspeccionar el puerto pesquero de Nador a la búsqueda de rederos de deriva.

La “entrada a Europa” huele distinto. Una verja enorme aísla los dos mundos, África y Europa. Nos abrimos paso entre el bullicio de una multitud que corre en todas direcciones transportando bultos, neumáticos, frigoríficos… Coches que tocan el claxon, militares, policías, empujones. No es la primera vez que cruzo, pero creo que nunca llegaré a acostumbrarme a ello ni al hecho de que el mundo cambie radicalmente de cara en tan sólo unos metros de No Man’s Land. Hemos pasado lo más rápidamente que nos ha permitido la burocracia aduanera y nos hemos dirigido al puerto.

El puerto de Nador es enorme, nada más entrar divisamos la lonja y gran número de arrastreros amarrados, probablemente como consecuencia de las malas condiciones meterelógicas. Los muelles rebosaban actividad, pescadores remendando redes completamente desplegadas sobre el suelo, trasiego de pescado, motores…

La verdad es que no es frecuente que los turistas entren en la zona portuaria, pero allí estábamos nosotros, fingiendo admirar un bonito paisaje industrial y haciéndonos fotos el uno a otro con la ingenua idea de que así no resultaríamos sospechosos, cuando lo cierto era que todas las miradas se centraban en nosotros.

Llegando a los últimos muelles del puerto encontramos grandes cantidades de redes de deriva desplegadas en dos explanadas, montones a lo largo de los muelles…y los rederos con toda su tripulación. Juan andaba ya casi metido dentro de los barcos cuando nos dimos cuenta de los nombres y matrículas, El Farsioui, Zidni…Eran los mismos barcos que habíamos estado documentando las noches anteriores mientras faenaban. Nos alejamos un poco y Juan sacó algunas fotos panorámicas, no nos convenía que se dieran cuenta de lo que andábamos buscando. Seguimos avanzando, contando el número de rederos, y observando como los pescadores remendaban las redes de deriva.

En algún momento alguien se nos acercó a hablar con nosotros y, entre otras cosas nos comentó que a lo mejor nos robaban la cámara. Como vimos que conocía a los pescadores nos dimos por aludidos y Juan decidió dejar de tomar fotos abiertamente, pero, con la cámara colgando, su mano seguía apretando el disparador.

Cuando un segundo interlocutor, un marinero de la flota marrajera, se nos acercó y nos pregunto : ¿Hacéis fotos a los barcos? Decidimos que había llegado el momento de irnos. Ya teníamos las fotos, estimaciones de las cantidades de red y el número de barcos observados, así que en cuanto nos libramos del amigo marrajero, que nos acompañó hasta la salida del puerto, pusimos rumbo a la frontera.

Una vez más hemos podido comprobar, tanto en alta mar como en puerto, como las redes de deriva siguen ahí, riéndose de acuerdos internacionales y legislación, capturando especies protegidas o simplemente matando sin necesidad especies no objetivo capturadas accidentalmente, y en ecosistemas tan ricos y de características tan especiales como el Mar de Alborán.

La clave para la eliminación de la flota de rederos de deriva marroquíes puede estar en el acuerdo de pesca de la UE con Marruecos.