Más información: Sobre los tiburones

Hay cientos de especies de tiburones, que en tamaño van desde el tollo lucero –o tiburón enano- (de 20 cm) hasta el tiburón ballena (hasta 20 m), que habitan todos los océanos y se alimentan de una gran variedad de especies. Contrariamente a la creencia popular, los tiburones no son máquinas indiscriminadas de matar. De hecho, algunas especies como el tiburón ballena y el tiburón martillo, conocido como “cabeza de pala”, son omnívoros, y se pueden alimentar mayoritariamente de plancton y de fanerógamas, respectivamente.
Aunque cada tiburón es único, comparten características comunes. Todos los tiburones tienen un esqueleto hecho de cartílagos, no de huesos. El cartílago es más liviano que el hueso, lo que les permite ahorrar energía cuando se mantienen a flote o nadan largas distancias. Su cuerpo está cubierto por pequeñas escamas con forma de diente, los dentículos dérmicos, que se superponen unos sobre otros por todo el cuerpo, orientados hacia la cola. Por ello, si acariciamos un tiburón de la cabeza a la cola el tacto es suave, pero si lo acariciamos de la cola a la cabeza el tacto es áspero como un papel de lija. Estos dentículos los protegen y los hacen más hidrodinámicos, reduciendo la fricción en el agua.
Muchos tiburones adoptan un tipo de coloración, específicamente un vientre más claro, para hacerlos menos visibles a depredadores o presas. A diferencia de otros peces, los tiburones carecen de vejiga natatoria, una cámara llena de gas que regula la flotabilidad en otros peces. En su lugar, los tiburones tienen grandes hígados llenos de aceite de baja densidad que ayudan a su flotabilidad, por lo que pueden subir y bajar fácilmente en la columna de agua. Esta característica hace que algunos tiburones de profundidad sean objetivo de la pesca, ya que aproximadamente el 40-70% de la masa de sus hígados es aceite que contiene escualeno, un compuesto con una gran demanda comercial.
Comportamiento y sentidos
Los tiburones poseen un sistema sensorial muy impresionante. Pueden detectar señales químicas procedentes de fuentes lejanas y determinar la dirección de la que provienen.
También poseen ojos especializados y dependen en gran medida de este sentido. Su visión está muy bien adaptada a su entorno marino, donde los niveles de luz son muy variables. Sus ojos presentan similitudes con los de los humanos y los gatos, pero no parpadean. Los tiburones son muy sensibles al sonido y presentan pequeñas aberturas en la cabeza que conducen al oído interno. Son capaces de captar frecuencias bajas emitidas por posibles presas.
Su sentido del tacto es algo diferente: los tiburones usan una línea que recorre cada lado del cuerpo llamada “línea lateral”. Su piel los ayuda a detectar cambios de movimiento, vibración, presión, y sonido en el agua. Como resultado, los tiburones pueden detectar a sus presas incluso en la oscuridad total.
Los tiburones tienen el sentido del gusto débil. Sus papilas gustativas están en la boca y la garganta, no en la lengua. Su lengua es un pedazo pequeño de cartílago que carece de papilas gustativas. Los tiburones utilizan su sentido del gusto para probar sus presas antes de comerlas, algo que les ayuda a evitar presas potencialmente peligrosas.
Además de los cinco sentidos estándar, los tiburones cuentan con un sexto sentido llamado electrorrecepción. Lo utilizan para detectar los campos eléctricos débiles que todos los animales vivos generan, ayudándoles en la busca de presas que no pueden ser detectadas por sus otros sentidos.
