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Blog Posts by: Jose Peñalver, "Indi"

La noche ha sido tranquila. El barco se mecía en su justa medida, con el suave vaivén que procuran los fondeos y sin la calma estática e irreal de los puertos ni los violentos embates de las travesías sobre un mar enojado.

Tal vez debido a esa tranquilidad y a que la jornada sería más corta, me he despertado con la vitalidad que no me caracteriza. Incluso creo recordar que he llegado a peinarme.

La jornada iba a ser más corta porque, a la tarde, iba a producirse un nuevo relevo: los marineros Toni Pérez y Mario Conde iban a ser relevados por Nuño Ramos, que había abandonado el barco hacía unas semanas y que volvía a sus tareas como capitán del Ranger (Carlos Pérez había patroneado el barco hasta entonces), y Conchi de Pedro, una marinera que ya había colaborado con Oceana un par de años atrás.

La noche ha sido tranquila. El barco se mecía en su justa medida, con el suave vaivén que procuran los fondeos y sin la calma estática e irreal de los puertos ni los violentos embates de las travesías sobre un mar enojado.

Tal vez debido a esa tranquilidad y a que la jornada sería más corta, me he despertado con la vitalidad que no me caracteriza. Incluso creo recordar que he llegado a peinarme.

Esta mañana hemos zarpado de La Restinga, en la isla de El Hierro, bastante más tarde de lo que solemos hacerlo cuando salimos de puerto. La razón es que teníamos que llenar de combustible tanto los tanques del Oceana Ranger como los bidones de 20 litros con los que abastecer los generadores del ROV y del winche oceanográfico.

Para quien no lo conozca, La Restinga es un pequeño conglomerado de casas dispuestas en cuadrícula, con una densidad de centros de buceo por habitante difícilmente superable por ningún otro sitio. Para quien lo conozca, también.

Siete horas, veinticinco minutos. Lo sé porque la alarma diaria de mi teléfono móvil ha empezado a escupir la melodía de la banda sonora de la película El Golpe, tal vez tratando de que me despierte así, de golpe. Pero ni por esas. A veces es el barco el que te zarandea para que te levantes. Lo malo es que suele hacerlo desde el momento en que te acostaste la noche anterior. Acciono torpemente la tecla de “posponer 5 minutos” tratando de que mi cerebro vuelva lo antes posible a la posición off, arañando así un trozo más a la noche.