Aquellos que intentan reducir su impacto medioambiental saben lo difícil que es saber qué marisco es sostenible. No sólo hay que tener en cuenta el estado de las poblaciones, sino también los niveles de mercurio y la huella de carbono resultante de hacer llegar el marisco hasta nuestros platos. Para muchos, la solución más fácil hasta ahora ha sido confiar en organizaciones como MSC (Marine Stewardship Council) para que les indiquen qué pueden y qué no pueden comer.
Sin embargo, en las últimas semanas, se ha puesto en cuestión el trabajo de MSC por no cumplir su propósito.