La Ley de Residuos, un primer paso contra la basura marina | Oceana Europe
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© OCEANA / Irene Campmany

El pleno del Congreso ha votado hoy el dictamen del ‘Proyecto de Ley de residuos y suelos contaminados para una economía circular’ elevado por la Comisión de Transición Ecológica. Se trata de un buen punto de partida para abordar la crisis de basura marina, si bien se queda corto en ambición y desaprovecha la oportunidad de acabar con productos que están contaminando el medio marino y para los que existen alternativas. El Senado podrá introducir mejoras antes de su aprobación definitiva.

Una de las medidas estrella es la introducción de un sistema de depósito, devolución y retorno, ya que las tasas de recogida que consiguen estos mecanismos superan el 90% en los países en los que están implantados, lo que se traduce en una disminución de la basura dispersa. No parece necesario demorar su aplicación, ya que el sistema actual de recogida de envases lleva el suficiente tiempo funcionando como para prever que no se van a conseguir los objetivos de recogida separada de botellas establecidos por la Directiva 2019/904 de plásticos de un solo uso. Esperamos que el sistema se abra a los diferentes tipos de envases de bebidas y permita avanzar hacia la reutilización: Oceana calcula que aumentar un 10% la cuota de mercado de botellas retornables podría reducir la contaminación marina por botellas de plástico PET en un 22%.

También relacionado con la basura dispersa, el proyecto de ley permite que los ayuntamientos regulen la suelta masiva de globos o la prohibición de fumar en playas. La redacción anterior de este artículo sencillamente prohibía ambas prácticas, en línea con legislaciones de otros países y asegurando igualdad en todo el territorio. Los globos se encuentran entre los artículos más letales para la fauna marina, porque al ser flexibles asfixian o matan de inanición a las especies que los ingieren, y las colillas tienen un gran potencial de contaminar el agua debido a la cantidad de sustancias tóxicas que incorporan.

Desde Oceana, también consideramos que falta concreción contra determinados productos de un solo uso. Por ejemplo, se abandona en manos de los comercializadores la reducción de anillas de plástico, monodosis, bandejas y palitos para helados o caramelos, y queda abierta la posibilidad a futuro de establecer un calendario de reducción, que podría haberse fijado ahora. Así, la ley deja pasar la ocasión de poner fin a las anillas de plástico de los packs de bebidas, que llevan décadas atrapando y estrangulando animales y cada vez se prohíben en más lugares.

En lo positivo, la ley establece que en 2026 se habrá reducido el consumo de vasos y envases alimentarios de plástico de un solo uso en un 50% respecto a 2022, y en 2030 en un 70%. Se trata de una reducción muy significativa, y viene apoyada por medidas para favorecer el granel y permitir que los clientes lleven sus propios envases reutilizables en los establecimientos de alimentación.

Sería incluso mejor si viniera acompañada de otras medidas valientes, como restringir los productos de un solo uso en la hostelería: si un bar usa tazas de loza, ¿por qué la cafetería de al lado necesita vasos de usar y tirar? Algo similar ocurre con los edificios de la administración pública, donde se dice que habrá fuentes de agua potable o envases reutilizables para reducir el consumo de envases de un solo uso, pero no se elimina el uso de botellas de plástico. Junto con las bolsas de plástico, las botellas, los envases de comida y los envoltorios representan casi la mitad de los objetos más hallados en el mar. El proyecto de ley se queda corto para atajar un problema que afecta a todo tipo de hábitats marinos y que resulta acuciante en un destino turístico como es España.

Con el doble de superficie marina que terrestre, es imprescindible ir más allá de los mínimos que marca Bruselas. El proyecto de ley prohíbe o condiciona la venta de una serie de artículos y, entre ellos, se limita a copiar y pegar lo establecido por el texto europeo sobre toallitas. Desaprovecha así la ocasión para establecer objetivos de reducción, a pesar de los daños que causan las toallitas al sistema de saneamiento, su acumulación sobre el fondo marino, los perjuicios que causa a la pesca o su desintegración como microplásticos.

Por último, el impuesto al plástico es otra muestra de falta de voluntad política. Hace un año, la UE fijó un tipo de 0,80 euros por kilo para los envases de plástico que no se reciclen, mientras que la ley establece 0,45 euros, por lo que el resto será abonado por el contribuyente independientemente de su consumo de plástico. Dado que la Directiva vino motivada por el abandono de residuos plásticos en el medio marino, sería muy útil que el impuesto fuera finalista y la recaudación se utilizara para investigar el impacto de la basura en las profundidades, protocolos de retirada, concienciación sobre el daño al patrimonio marino, etcétera.

Oceana seguirá trabajando para acabar con la comercialización de productos de un solo uso dañinos para la fauna y el medio marino, eliminar el uso de envases de usar y tirar en entornos donde son innecesarios, y evitar una política de sustituir unos productos de un solo uso por otros en lugar de por productos reutilizables. Cuando hablamos de contaminación marina, ni los plásticos reciclados ni los compostables son la solución: hay que reducir, reutilizar y evitar el vertido.

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